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Comentario al texto griego del Nuevo Testamento: Obra completa 6 en 1



El comentario al texto griego del Nuevo Testamento (Imágenes Verbales en el Nuevo Testamento) de A. T. Robertson en seis volúmenes, ahora en un solo volumen con el texto completo y sin abreviar.

La mejor herramienta a la que puede recurrir el estudiante de la Biblia en su análisis hermenéutico de un pasaje, aparte de los textos interlineales, son los Comentarios Lingüísticos. Obras que, siguiendo el texto bíblico libro por libro, versículo a versículo, facilitan una explicación sobre el significado y sentido de cada una de las palabras y frases del texto en el contexto de las lenguas originales en que fue escrito.

Los Comentarios Lingüísticos no tan sólo aclaran los significados léxicos y las dudas de interpretación que surgen al confrontar el texto bíblico original con la distintas versiones de la Biblia, sino que aportan paralelismos con otras lenguas e información histórica que vierte mucha luz al pasaje que estamos estudiando.

Con un buen Comentario Lingüístico, incluso aquellos que no conocen hebreo y griego pueden adentrarse en el mundo fascinante de las matizaciones y distinciones en el sentido de las palabras que, de otra manera, quedaría reservado al terreno exclusivo de los eruditos y especialistas.

El mundo de la interpretación bíblica cuenta para este importante propósito con dos obras monumentales. En lo que respecta al texto hebreo del Antiguo Testamento el erudito y apreciado Commentary on the Old Testament, escrito por los alemanes C. F. Keil y F. Delitzsch. Sobre el texto griego del Nuevo Testamento la obra de una de las autoridades más reconocidas en la especialidad, Word Pictures of the New Testament de A. T. Robertson. Editorial CLIE ha emprendido la gigantesca labor de poner ambas a disposición de los estudiosos de la Biblia de habla española.

El presente Comentario al Texto Griego del Nuevo Testamento agrupa en un solo volumen el texto completo de los seis gruesos tomos de la obra de Robertson (Imágenes verbales en el Nuevo Testamento).

Basándose en el texto griego de Westcott y Hort –transliterado a caracteres latinos para facilitar a los que no saben griego su lectura y su pronunciación–, Robertson va comentando, versículo a versículo, el texto griego completo del N.T. explicando el significado lingüístico de las palabras y expresiones más importantes. Pero no se limita al análisis léxico, añade datos históricos y arqueológicos, sus propios comentarios ilustrativos, y todo aquello que en cada momento estima importante y necesario para aclarar el pasaje que comenta.

Una obra de referencia y consulta realmente indispensable para todo aquel que desea profundizar en el estudio hermenéutico de la Biblia.
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Tenemos por fin en castellano una de las obras más singulares de un singular erudito, el doctor Archibald Thomas Robertson, de especial utilidad para el estudioso del Nuevo Testamento debido a sus peculiares características. Como su título indica, su principal propósito es estudiar y exponer aquellas expresiones más gráficas del N.T., lo que hace con singular acierto, dando un análisis gramatical del texto, por orden de libro, capítulo y versículo tal como va apareciendo en el N.T., así como haciendo observaciones sobre costumbres y las encrucijadas del N.T. con la historia coetánea allí donde es oportuno. Con gran énfasis en aspectos estilísticos de los autores, da numerosas pruebas incidentales de la autenticidad y genuinidad de los respectivos libros que constituyen el Nuevo Testamento.

Esta erudita obra abre al estudioso el texto del N.T., ilustrándolo de manera multiforme. A lo largo de la exposición se manifiestan no sólo los profundos conocimientos del autor en los campos de la gramática y filología griegas, así como de la historia coetánea del mundo del Nuevo Testamento, sino también la piedad personal y reverencia del autor hacia el depósito de la Palabra de Dios que es el Nuevo Testamento.

Una faceta de la obra, en lo que respecta a aspectos escatológicos, en los que el autor mantiene una postura postmilenial, no será aceptable por parte de muchos cristianos igualmente piadosos. Pero el doctor Robertson nos ha legado, a pesar de posibles diferencias en este campo, una obra magna e indispensable en el campo de los estudios del Nuevo Testamento, tanto en el área lingüística como en la histórica y doctrinal, conduciendo a un conocimiento más serio y profundo de los escritores del Nuevo Testamento.

Es nuestro deseo y oración que esta obra, que tanta utilidad ha tenido en sus múltiples ediciones y reimpresiones en inglés, se difunda y dé fruto en su traducción al castellano, y que por el mundo de habla hispana coadyuve al crecimiento de los creyentes en el conocimiento de la Palabra de Dios, aquel «conocimiento pleno de la verdad que es según la piedad» (Tit. 1:1), creciendo así «en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo» (2 P. 3:18).

La utilísima serie de volúmenes que el doctor Marvin R. Vincent escribió bajo el título de Word Studies in the New Testament (Estudios de palabras en el Nuevo Testamento), siguen siendo de utilidad para aquellos para quienes fueron escritos, pero desde entonces ha llovido mucho. En la actualidad se emplean unos métodos más científicos en filología. Ya no se explican los tiempos verbales griegos ni las preposiciones griegas en términos de traducciones conjeturales, ni se intercambian en base al capricho del intérprete. La gramática comparada ha arrojado una gran luz sobre el verdadero significado de las formas y modismos del Nuevo Testamento. Ya no se da la explicación de que los escritores del Nuevo Testamento emplean una estructura «en lugar» de otra.









También se ha recibido luz adicional en base a los descubrimientos de los papiros egipcios. En ellos se encuentran palabras griegas no usuales desde la perspectiva del crítico literario o del erudito en literatura griega clásica, empleadas en la lengua de cada día en cartas y documentos comerciales y públicos. Se sabe ahora que el griego del Nuevo Testamento no era un dialecto nuevo o peculiar del griego, sino la lengua común de aquellos tiempos. El Koiné vernáculo, la lengua hablada de cada día, aparece en el Nuevo Testamento y en estos trozos de papiros procedentes de Oxyrhynchus y de Fayum. Hay formas de Koiné literario en los papiros, así como en los escritos de Lucas, las Epístolas de Pablo, y la Epístola a los Hebreos. A su debido tiempo aparecerá un nuevo Léxico Griego- Inglés del Nuevo Testamento que tome nota de los muchos papiros e inscripciones en griego que han sido dados a conocer en cuanto a su pertinencia para el Nuevo Testamento por la obra pionera del doctor Adolf Deissmann, entonces de Heidelberg, ahora de Berlín. Sus obras Bible Studies (traducida al inglés por Alexander Grieve, 1901) y Light from the Ancient East (edición revisada traducida al inglés por L. R. M. Strachan, 1927) son accesibles a los estudiosos de habla inglesa no familiarizados con la lengua alemana.

No hay dudas acerca de la necesidad de nuevas investigaciones, hoy en día, en base a la luz aportada por los nuevos conocimientos. Muchos ministros me han apremiado a emprender esta tarea, y finalmente he accedido a ello por solicitud de mis editores. Este comentario al texto griego del N.T. está dirigido principalmente a los que no conocen griego o que lo conocen relativamente poco, y que sin embargo tienen deseo de conseguir nueva ayuda en base al estudio de las palabras y frases del Nuevo Testamento, personas que no tengan acceso a los libros técnicos precisos, como la obra de Moulton y Milligan, Vocabulary of the New Testament.

El estudioso crítico está en posición de apreciar las más delicadas distinciones entre las palabras. Pero es un hecho triste que muchos ministros nunca han cursado estudios de griego en facultades o seminarios. Y que la mayoría de los que lo han hecho, incluyendo a muchos laicos que lo hicieron como parte de sus estudios seculares en los institutos superiores, lo han olvidado, permitiendo que las preocupaciones de este mundo y el engaño del consumismo hayan ahogado en un rincón las nociones de griego que una vez conocieron. Y se da incluso la circunstancia de algunos que, cosa extraña, lo han dejado bajo la excusa de un supuesto y mal entendido respeto al propio evangelio cuyos vívidos mensajes predican, alegando querer huir de la humana sabiduría, sin darse cuenta de que con tal proceder lo que hacen es desdibujar y debilitar los mensajes del evangelio que predican. Si el trabajo realizado en la redacción del presente comentario sirve para reavivar en algunos de esta gran muchedumbre su interés en el griego del Nuevo Testamento, el esfuerzo habrá valido la pena.

Puede que algunos, incitados, como muchos lo han sido ya, por mi anterior obra The Minister and His Greek New Testament (El ministro y su Nuevo Testamento griego), se decidan a iniciarse en el estudio del Nuevo Testamento griego bajo la guía de una buena gramática griega, como la de Davis, Beginner’s Grammar of the Greek New Testament (traducida al castellano y publicada por la Casa Bautista de Publicaciones con el título de Gramática elemental del Griego del Nuevo Testamento). A los demás, probablemente la mayoría, que se sientan sin aptitud para el estudio del griego, este Comentario al Texto Griego del N.T. les será de gran provecho en la preparación de sermones, lecciones de Escuela Dominical, o incluso para su propia edificación.









En la versión española de este comentario, se utiliza el texto de la versión de la Biblia Reina-Valera, revisión 1977, en algunos casos con la adición de la traducción literal propia del autor, y con el texto griego transliterado entre paréntesis. (Los editores insistieron en el empleo de la transliteración en lugar del uso de caracteres griegos para rebajar los costos de impresión.) Quien no conozca griego, puede saltarse las palabras griegas y seguir leyendo, sin dejar por ello de comprender el sentido, aunque la inclusión del texto original será de gran valor para los que conozcan algo de griego. Se emplea el texto de Westcott y Hort, aunque no de manera servil. Es de esperar que los que conozcan griego tengan abierto el texto griego mientras leen o estudian esta obra.







El presente libro no pretende ser un comentario formal, sino un comentario lingüístico. No se hace una consideración de todo el texto, sino que en cada caso se seleccionan para su tratamiento aquellas palabras que parecen ser más ricas para las necesidades del lector a la luz del conocimiento actual. Es inevitable, por tanto, una gran extensión del término personal de la ecuación. Mis propias observaciones son ahora léxicas, luego gramaticales, luego arqueológicas, luego exegéticas, luego ilustrativas, todo aquello que en cada momento determinado me sentí llamado a escribir y que considero puede arrojar luz aquí y allá sobre las palabras y los modismos del Nuevo Testamento. Otro escritor podría sentirse inclinado a extenderse acerca de extremos que aquí no se tocan. Pero esto es algo a esperar incluso en los más formales comentarios, por útiles que sean. Y hasta cierto punto es cierto de los léxicos. Nadie lo sabe todo, incluso en la especialidad que ha escogido, ni tiene la sabiduría de recoger todo lo que todos los lectores quieren ver explicado. Pero incluso los diamantes en bruto son diamantes. Queda al lector el pulirlos como quiera. Puede lanzar los destellos de luz aquí y allá. En algunos puntos se encontrará con una cierta cantidad de repetición, en parte con el propósito de ahorrar tiempo y de destacar el punto tratado.

Aunque el presente volumen (en el que se ha incluido el texto íntegro de los seis libros originales), ha recibido el título de Comentario el Texto Griego del Nuevo Testamento, la colección original de seis volúmenes recibió el título de Word Pictures in the New Testament. (Publicada anteriormente por CLIE como Imágenes Verbales en el Nuevo Testamento.) Dicho título fue elegido adrede por la evidente razón de que el lenguaje, en sus orígenes, era puramente pictográfico. A los niños les encanta examinar ilustraciones tanto cuando se trata de meras ilustraciones, como cuando las ilustraciones van intercaladas con sencillas palabras.

La Piedra de Rosetta es una famosa ilustración de ello. Los jeroglíficos egipcios aparecen en la parte superior de la piedra, seguidos por la inscripción en egipcio demótico, con su traducción griega al fondo. Fue gracias a esta piedra que se desentrañaron los secretos de los jeroglíficos o pictografías. Los caracteres egipcios son también pictográficos. Cada carácter era al principio un ideograma, esto es, representaba una idea, luego vinieron a representar palabras, luego sílabas, y finalmente letras. En la actualidad hay indios en Alaska que siguen empleando sólo imágenes para comunicar sus ideas. «La mayor parte de las palabras han sido originalmente metáforas, y las metáforas están continuamente pasando a la categoría de palabras» (Profesor Campbell). ¿No será más cierto que las palabras son metáforas, en ocasiones con la flor representada todavía lozana, en ocasiones ya algo marchita? Las palabras no se han ido nunca del todo de la etapa de ilustración. Estas antiguas palabras griegas del Nuevo Testamento tienen gran riqueza de significado. Nos hablan desde el pasado y con vivaces imágenes para todo el que tiene ojos para verlas. Es imposible traducir exhaustivamente de una lengua a otra. Se puede transferir mucha parte, pero no todo.

Los matices delicados de sentido constituyen un desafío para el traductor. Pero hoy en día seguimos teniendo y usando algunas de las mismísimas palabras de Jesús, cuando dijo: «Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida» (Jn. 6:63). Nunca hay que olvidarse de que al tratar con las palabras de Jesús estamos tratando con cosas que tienen vida y aliento. Esto es cierto de todo el Nuevo Testamento, el más maravilloso de todos los libros de todas las épocas. Se puede sentir el mismo pálpito del corazón del Dios Omnipotente en el Nuevo Testamento si los ojos del corazón del lector han sido alumbrados por el Espíritu Santo. Que el Espíritu de Dios tome de las cosas de Cristo y las haga nuestras mientras meditamos en las palabras de vida que nos hablan desde el Nuevo Pacto que nosotros conocemos como el Nuevo Testamento.

ARCHIBALD THOMAS ROBERTSON



Información adicional
ISBN 9788482673516
Autor Robertson, Archibald Thomas
Encuadernación Tapa dura
Idioma es
Páginas 768
Medidas 20 x 27.6 cm