15. Mujeres en el ministero Cuatro puntos de vista

ISBN: 9788482674858
15. Mujeres en el ministero Cuatro puntos de vista

Clouse, Robert G. [Ver otros libros del autor]

Clouse, Bonidell (Barrows)






¿Qué papel debería desempeñar la mujer en la Iglesia? ¿Puede ejercer el pastorado? ¿Puede formar parte del Consejo de la iglesia? ¿Puede enseñar a los hombres? [...]
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Descripción del libro

Entre los evangélicos, el debate sobre el papel de la mujer  en la iglesia normalmente se centra en si deben ordenadas o nombradas para el ministerio. En la mayoría de iglesias, la ordenación para el ministerio se entiende como conferir a estas personas un papel de autoridad dentro de la congregación, que las cualifica para predicar, administrar los sacramentos, ejercer la pastoral y administrar de la congregación. Y debido a la importancia de la predicación en muchas iglesias protestantes como ministerio de enseñanza, la ordenación está muy vinculada con esta función.

 

Desde la época de la Reforma (1517-1648), la mayoría de grupos protestantes se mostraron reacios a que las mujeres fueran ordenadas como ministras o pastoras. Y a pesar de que el Nuevo Testamento no presenta un patrón claro acerca de la estructuración de las comunidades cristianas, un patrón extrapolable que pueda ser aplicado en todo momento y lugar, los que siguen pensando de ese modo, partiendo de la exégesis que hacen de algunos textos, en especial de Pablo, creen que su postura para negar el ministerio a las mujeres cuenta con base bíblica. 

 

Quizás si Lutero no hubiese estado tan influenciado en este tema por la tradición católica, hubiera dado a las mujeres un papel más importante en el ministerio de la Iglesia, pero no lo hizo. Y siguiendo sus pasos, los protestantes luteranos y reformados (calvinistas), no permitieron durante años que las mujeres accedieran al ministerio. No obstante, tanto Lutero como Juan Calvino expresaron algunas ideas revolucionarias en sentido igualitario sobre la mujer y el ministerio cristiano, pero no fueron suficientes para vencer la fuerte influencia social de la época. 

 

Otro grupo de reformadores, conocidos como anabautistas, reformadores más radicales de la llamada tercera ola de Reforma, tenían en este particular opiniones distintas a Lutero y Calvino. Estos grupos hacían un especial hincapié en el papel profético del ministerio. Y ello hizo que dos de estos dieran a las mujeres una oportunidad dentro del ministerio: los bautistas del siglo XVII y los cuáqueros. 


Los movimientos pietistas las mujeres jugaron un papel muy importante. Consideraban que todas las personas que nacían de nuevo, debían dar testimonio fe en Cristo a través de la predicación. Los líderes de los avivamientos pietistas estaban abiertos a cualquier tipo de experimentación siempre y cuando ésta llevara más gente a los pies de Cristo, y esto implicó dejar que las mujeres predicaran igual que los hombres. Estaban convencidos que los avivamientos era la señal del fin de una época, y entendieron que un momento así de extraordinario demandaba ciertas excepciones, incluyendo las mujeres predicadoras. 

La Norteamérica del XIX dejó atrás la idea heredada del catolicismo de que la mujer era más propensa al pecado. En lugar de verla como una criatura débil y lujuriosa, fue idealizada como ejemplo de virtud y piedad. Se llegó a la conclusión de que las mujeres no solamente eran moralmente mejores que los hombres, sino que también eran espiritualmente superiores. Entre 1820 y 1840, muchas mujeres asumieron papeles de liderazgo en sociedades reformadoras fundadas con el propósito de crear una Norteamérica cristiana a través del cambio social. Y la lucha que las mujeres lideraron contra de la esclavitud las llevó a reflexionar sobre su propio papel en la sociedad y el la iglesia: si Gálatas 3:28 significaba que los esclavos son iguales a sus amos, entonces las mujeres quedan también incluidas en el concepto bíblico de igualdad.

 

Al entrar el siglo XX las principales iglesias históricas: Episcopales, Metodistas, Luteranos y Presbiterianos comenzaron  a ordenar a mujeres como ministras. Y el crecimiento exponencial del movimiento pentecostal revirtió en el crecimiento del papel de la mujer en el ministerio, aunque tiempo después tuviera lugar dentro de algunos sectores del pentecostalismo una regresión en este tema, igual que se produjo en el siglo XIX. 

 

Este libro presenta las cuatro posturas principales vigentes dentro del movimiento evangélico sobre el papel de la mujer en la Iglesia:

Robert Culver aporta la perspectiva tradicional de que las mujeres no deben implicarse en el ministerio cristiano.

Susan Foh presenta la postura de que la mujer puede trabajar en algún ministerio siempre que esté bajo la dirección de un pastor.

Alvera Mickelsen aporta la visión igualitaria que apoya el ministerio completo de las mujeres. Explica que las mujeres pueden realizar cualquier tipo de servicio para el que Dios las haya capacitado y al que Dios las haya llamado.

Walter Liefeld desarrolla la posición del “sacerdocio universal” en el sentido de que todos los creyentes, incluidas las mujeres, son ministros; el error parte de un excesivo énfasis en la ordenación ministerial, heredado del catolicismo jerárquico, que ha llevado a que el papel de la mujer en la Iglesia se debata más allá de lo necesario.

Al final de la exposición de cada una de las posturas, los otros tres autores responden desde sus puntos de vista. Y el coordinador, Bonnidell Clouse, ofrece unas consideraciones finales, seguidas de una Bibliografía sobre el tema de la mujer y el ministerio.

 



Información adicional

Información adicional

Autor Clouse, Robert G.
Otro Autor Clouse, Bonidell (Barrows)
Peso 308.4480
Medidas 14 x 23 cm
Páginas 236
Encuadernación Rústica fresada
Idioma es