Diccionario de figuras de dicción usadas en la Biblia

ISBN: 9788476450659
Diccionario de figuras de dicción usadas en la Biblia

Lacueva Lafarga, Francisco [Ver otros libros del autor]

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ISBN: 978-84-7645-065-9

Las figuras de dicción son expresiones literarias usadas en las lenguas cultas. Los hebreos y los griegos las usaron en su literatura.

El objeto de la obra es presentar en su propio orden y lugar cada una de las 217 figuras de dicción. Da la [...]
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Descripción del libro
Las Figuras de Dicción o de Lenguaje, son formas de hablar que añaden fuerza, gracia, sentimiento y cualquiera otra cualidad espiritual al lenguaje humano para hacerlo mas gráfico y comunicativo. Bullinger, autor de la obra, dice al respecto: «Muchas de las figuras de dicción son desviaciones de las normas gramaticales. Pero no desviaciones nacidas de la ignorancia o del olvido, no son errores gramaticales, sino todo contrario, legítimas desviaciones de la norma gramatical, por un motivo determinado, no menos legítimo.

Cuando el Espíritu Santo asume las palabras del lenguaje humano y las usa como figura (o forma especial), lo hace con un objetivo determinado. Y este objetivo, es necesario descubrirlo, prestarle la atención que se merece y concederle el peso específico que posee. Hay muchas porciones de la Palabra de Dios que resultan difíciles y son mal entendidas, a veces incluso distorsionadas y mal interpretadas, únicamente porque ignoramos el designio de Dios al usar figuras de lenguaje, un lenguaje aparentemente extraño o enigmático»

Cuando el Apóstol Pablo en escribía a los Gálatas: «Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema» (Ga.1:7), podemos dar por supuesto que no pretendía anatemizar a los ángeles ni esperaba que un ángel del cielo bajara a predicar a los gálatas, y mucho menos que les predicara un evangelio judaizante. Lo que hace, en realidad, es echar mano de una figura de lenguaje para reforzar y dar énfasis a su argumento, en este caso la de la llamada hipérbole, y con ella dejar muy claro que estaba tan seguro de la veracidad e inalterabilidad de su mensaje que cualquiera que se opusiese a el, aunque fuese un ángel bajado del cielo, debía ser objeto de maldición. La hipérbole del griego hyper =mas allá y bolé=arrojar (arrojar mas allá, lanzar fuera de los límites), es una figura retórica o de lenguaje, que consiste en exagerar o disminuir la realidad por encima de los límites de lo posible para resaltar o enfatizar su veracidad. No solamente la Sagrada Escritura, sino también la literatura clásica, especialmente la oriental –de imaginación mas exaltada y fantasía mas rica–, e incluso el refranero español, están repletos de expresiones hiperbólicas.

Cuando decimos: «Comerse los codos de hambre» o «corre que se traga la tierra» no estamos haciendo otra cosa que utilizar hipérboles. “Es tanta el hambre que tiene que hasta sería capaz de comerse los codos” o “Es tan veloz que cuando corre parece como si la tierra desapareciera debajo de sus pies” ¡Nadie se come los codos –por mucha que sea el hambre que tenga– ni la tierra desaparece de debajo de los pies de nadie, por muy veloz que sea! Pero son expresiones hiperbólicas que utilizamos para reforzar la intención y expresar la idea de los límites del hambre o de la velocidad mediante una imagen gráfica.

Las diferentes formas de expresión gráfica o figuras de lenguaje son muchísimas y tienen nombres muy extraños y poco conocidos por muchos.Símil, metáfora, alegoría. metonimia, sinécdoque, litotes... Los griegos fueron quienes les pusieron nombre y sus escritores clásicos organizaron con ellas todo un sistema científico. Pero es precisamente en la Biblia donde las figuras de lenguaje se potencian de una manera especial y adquieren una importancia inusitada, donde el lenguaje figurado oriental tiene uno de sus mejores exponentes, en toda su riqueza gráfica,

Esto hace del Diccionario de Figuras de Dicción Usadas en la Biblia, un trabajo gigantesco y meticuloso de E.W. Bullinger, adaptado al español por el Dr. Francisco Lacueva, se convierta en una herramienta clave para la correcta interpretación bíblica y una obra de referencia y consulta imprescindible en la biblioteca pastoral

Estructura en un orden lógico las 217 figuras de lenguaje que se utilizan en la Biblia, con sus correspondientes subdivisiones (mas de 500) y facilita su etimología, explicando, en primer lugar, porqué a cada una de las figuras se la da este nombre y cual es su significado. Después, transcribe los textos de la Biblia en los que se ocurre cada figura, acompañados de una interpretación completa para cada texto.

Veamos un ejemplo de esto a través de una de las figuras de lenguaje mas complejas y a la vez mas utilizadas en la Biblia, la llamada elipsis.

El vocablo elipsis procede del griego elleipsis = omisión interior, de en = en, dentro y leípen = dejar; dejar dentro, ocultar. Esta figura se llama así porque en las frases en las que ocurre existe un hueco, a causa de la omisión de una o mas palabras que normalmente se requieren gramaticalmente para que la frase sea completa, pero que no son necesarias para el sentido de la frase, que se supone lector o el oyente puede entender sin ellas. Las leyes de la geometría nos dicen que para cerrar un espacio se precisan, por lo menos, tres líneas. De igual forma, las leyes de la sintaxis, afirman que se requieren, al menos tres palabras para dar sentido a una frase. En la frase «Tu palabra es verdad», «tu palabra» es el sujeto del que se habla; «verdad» es el predicado, lo que se dice del sujeto; y «es», el verbo (llamado también “cópula”) que conecta el predicado con el sujeto. En teoría, sin la participación de los tres, no se puede formar una frase, simplemente no existe. Pero el la práctica del lenguaje, cualquiera de estas tres partes puede omitirse, por lo que la ley de la sintaxis pueda ser legítimamente suspendida por medio de la elipsis. Esta omisión no se debe a una mengua de concepto, a la indolencia del escritor u otra circunstancia accidental, sino que se lleva a cabo adrede, con un propósito determinado, el de resaltar las otras palabras que, por dicha omisión, adquieren mayor relieve.

De hecho, nosotros utilizamos muchas veces también elipsis en nuestra manera de expresarnos y en nuestro lenguaje vulgar y corriente al hablar. Cuando decimos: «Llegue tarde por un embotellamiento» (o un “taco”, “atasco” “tapón”, según el país), todo aquel que nos escuche, hoy en día, sabrá exactamente que queremos decir: el tráfico de automóviles era denso y lento y nos impidió de avanzar y llegar a tiempo. Pero...¿lo hubiera entendido alguien hace doscientos años cuando se viajaba a caballo o en carretas? ¿Lo entendería alguien dentro de doscientos años cuando la ciencia haya avanzado quizás hacia otros sistemas de transporte instantáneo y no se utilicen ya automóviles?

No no es posible transcribir aquí las distintas formas de elipsis que se relacionan y exponen detalladamente en el texto de la obra: absolutas, cuando la palabra o palabras omitidas deben ser suplidas a la vista del texto mismo; relativas, cuando la palabra o palabras omitidas han de suplirse con base en el contexto; de repetición, cuando la palabra o palabras omitidas han de suplirse repitiéndolas con base en la cláusula anterior o posterior...y así...!todas ellas con sus correspondientes subdivisiones! ¡El texto de la obra comenta cientos de textos bíblicos que contienen alguna forma de elipsis! Nosotros nos limitaremos a transcribir un hermoso ejemplo de elipsis de repetición simple, esto es, cuando la omisión de palabras conectadas ha de suplirse mediante su repetición desde una cláusula anterior. Pr. 21:1

«Como los repartimientos de las aguas, así está el corazón del rey en la mano de Jehová; a todo lo que quiere lo inclina» Pro. 21:1

Es evidente que la primera frase «como los repartimientos de las aguas» es incompleta; tiene sujeto pero no tiene verbo ni clase alguna de complemento. Hay, pues, que suplirles. ¿Cómo hacerlo? Por medio de una interpretación mas profunda del sentido de la frase hebrea palgey mayim = repartimientos de las aguas. El vocablo hebreo pálgey procede del verbo palag= dividir, verbo que se utiliza únicamente en Gn. 10:25; I Cr. 1:9; Job 38:25 y Sal, 55:9. Al patriarca Peleg se le dio este nombre «porque en sus días fue repartida la tierra». La frase palgey mayim es un término técnico que se utilizaba para designar los surcos que dividían los huertos orientales en pequeños cuadrados de unos cuatro metros cada uno, al objeto de facilitar así el riego. De aquí que se usase para designar también los pequeños canales mediante los cuales se regaba un huerto o jardín. El el Salmo 1:3, se nos dice que el varón que medita en la Ley de Dios es como un árbol plantado junto a los palgey mayim, donde hallará riego constante y diligente por parte del hortelano.

Estos pequeños canales, o surcos de riego, se llenaban del agua procedente del pozo, aljibe o fuente que todo huerto o jardín debía tener. El jardinero distribuía el agua en los surcos; primero, en uno; después, en otro; y lo hacía mediante un sencillo movimiento del pie. No usaba ningún otro utensilio, ni siquiera se agachaba para repartir el agua con la mano. Con un simple movimiento del pie, obstruía o abría el paso de un surco o de otro, haciendo que el agua fluyese por uno de los surcos, mientras que con el mismo pie tapaba la entrada del otro. Esto queda muy claro en Deuteronomio 11:10, donde dice: «La tierra a la cual entras para tomarla, no es como la tierra de Egipto, de donde habéis salido, donde sembrabas tu semilla, y regabas con tu pie, como huerto de hortaliza»

!He aquí los elementos que nos faltaban para suplir la elipsis de Pr. 21:1! Ahora podemos completar la frase y traducir: «Como los repartimientos de las aguas están en el pie del hortelano, así está el corazón del rey en la mano de Jehová; a todo lo que quiere lo inclina».

La enseñanza pues, del versículo en cuestión, está en que, justamente igual que el hortelano, con un simple movimiento del pie, cambia el riego de un surco a otro, así también Dios cambia con la misma facilidad el corazón de los gobernantes de este mundo, inclinándole a todo lo que El quiere. Meditemos por un momento en lo que esto significa. ¡Qué consuelo para los hijos de Dios! ¿Que nos cuenta la historia de Ester? «Aquella misma noche se le fue el sueño al rey (Est. 6:1) ¡Una noche de insomnio! Aquella noche, el corazón del rey Asuero fue inclinado por Dios para dejar sin efecto la ley de los medos y los persas, y para libertar a Israel. ¡Que sencillo! !No pongamos jamás con nuestra incredulidad, límites a la omnipotencia de nuestro Dios! Sabemos lo difícil que resulta, a veces, convencer a un amigo o a un vecino de las verdades mas sencillas. Pero recordemos que para Dios no hay imposibles, y aún el corazón de un déspota oriental es cambiado por El con la misma facilidad que un jardinero cuando, con un sencillo movimiento del pie, cambia el curso del agua en los palgey mayim.

Pero...¿por qué esta elipsis? ¿No hubiera sido mas sencillo completar el texto y dejarlo claro? Para un oriental de la época, no hacía falta; la frase estaba suficientemente clara sin suplir la elipsis. Un español de nuestros días no necesitaría para nada suplir la elipsis en la frase; «Que suerte, acertó un catorce..», mientras que, posiblemente un esquimal se preguntaría intrigado; «De catorce ¿qué?» En España, hasta los niños mas pequeños saben que «un catorce» quiere decir que acertó una “quiniela”, esto es, los catorce resultados de los partidos en las apuestas mutuas deportivas de la liga de fútbol del domingo; pero el esquimal tendría que suplir la elipsis, completar la frase y averiguar que quiere decir “un catorce”. Al lector hebreo de los tiempos de Salomón, no le hacía falta averiguar que eran los palgey mayim (repartimientos de las aguas), porqué cada día contemplaba como los hortelanos regaban los huertos. A un lector de la Biblia de hoy en día, en una ciudad moderna, hay que explicárselo.

Pero, hay además otra razón. Recientemente, se ha descubierto algo muy importante al introducir toda la Biblia en un procesador de datos y hallar que todos los libros, –por lo menos los del A.T.– ofrecen divisiones simétricas. Parte de un plan admirable, divino, con lo que la verdad de la inspiración divina de las Escrituras y su total inerrancia, han quedado contundentemente confirmadas. Por ejemplo, en el libro del Génesis, la palabra torah, que en hebreo, tiene sólo cuatro consonantes –incluyendo vaw y el he como vocales fuertes– se repite invariablemente cada 50 letras. Ahora bien, si el texto mismo de la Biblia hebrea explicitara las elipsis, se rompería esta simetría diseñada por Dios mismo.

No hace falta ni decir la importancia que semejante explicación tiene para cualquier predicador que tenga que hablar sobre el tema o para un maestro de E.D. en cuya clase estén estudiando Proverbios. Si a esto le sumamos los análisis que proporciona estructuras y correspondencias en versículos, alternancias, e introversiones; que son en si mismos excelentes bosquejos, podemos concluir que es casi obligatorio para todo predicador, al preparar un mensaje, consultar el Diccionario de Figuras de Dicción para cerciorarse de si el versículo sobre el que proyecta meditar contiene alguna de ellas.

A veces hay quién llega incluso al extremo de distorsionar el significado de algunos pasajes bíblicos, por no recurrir a un análisis hermenéutico profundo sólido y correcto del pasaje que se comenta, basado en una interpretación del texto a la luz del contexto y del sentido de las lenguas originales.

Tuve una experiencia, en cierto país del continente americano, con un grupo de hermanos que habían llegado al extremo de interpretar el texto de 2. Cor. 3:1-6: «La letra mata, pero el espíritu vivifica» en el sentido de que el apóstol Pablo al decir “la letra” se refiere a los libros y a su lectura. Por tanto, –dicen– los libros son dañinos, el cristiano no debe leerlos, porque Pablo dice que «la letra mata». ¡Solamente hay que leer la Biblia! Los demás libros hay que quemarlos todos en una hoguera, como hizo el cura con la biblioteca de Don Quijote.

¡Nada estaba mas lejos del pensamiento del apóstol Pablo que imaginar que algún día alguien pudiera llegar a tal conclusión y a semejante interpretación de sus palabras! Es de una evidencia y una claridad diáfanas que el apóstol esta utilizando en este versículo una figura de lenguaje –a las que dicho sea de paso, era un gran aficionado– concretamente la conocida como “metonimia” del griego “meta-cambio” y “ónoma-nombre” y que consiste en el cambio de una palabra o vocablo común para designar algo sustituyéndolo por otro que guarda con el un sentido figurado.

Nosotros mismos usamos esta misma figura en nuestro lenguaje común cuando decimos en ocasiones referente a tal o cual persona: «Le gusta hacer las cosas siempre al pie de la letra» ¡Al “pie de la letra” ¿De qué letra? ¿De la “A”, de la “B” de la “Z”? ¿De una letra enorme, de madera o de piedra, al pie de la cual le gusta a la tal persona sentarse para hacer las cosas? ¿Se nos pasaría por la cabeza semejante interpretación? ¿Verdad que no? Si escuchamos la frase «Le gusta hacer las cosas siempre al pie de la letra» entenderemos inmediatamente –y correctamente– que la persona de referencia es un legalista y que siempre quiere hacerlo todo con la mayor exactitud.

De la misma forma, en sana hermenéutica, –como escribe tan acertadamente William McDonald en su comentario al N.T.– esta claro que cuando Pablo dice “la letra mata”, al decir “la letra” se refiere la Ley de Moisés, “el ministerio de muerte grabado en letras de piedra” como el propio apóstol explica en el versículo siguiente, el siete. Y cuando dice el “espíritu vivifica” se refiere al Evangelio de la Gracia, el ministerio de justificación, como poco después explica en el versículo nueve.

Nada estaba mas lejos del pensamiento de Pablo al decir “la letra mata” que el referirse a los libros, a los que amaba, utilizaba, recomendaba y echaba de menos incluso cuando estaba preso en la cárcel. Puede estar bien seguro el lector que Pablo se hubiera indignado hasta los límites y siguiendo la antigua costumbre judía se hubiera rasgado la túnica en dos, de haber escuchado tan impropia, rebuscada y rocambolesca interpretación. Pero, el no investigar y analizar el sentido y significado del texto bíblico con las herramientas adecuadas, antes de lanzarnos a interpretarlo utilizando las obras de referencia y consulta, puede llevar a estos extremos.

El Diccionario de Figuras de Dicción, se complementa con un Compendio Esquemático de las figuras y tres índices distintos para facilitar la búsqueda:

Un Compendio Esquemático que presenta las figuras en un orden ideológico, dividiendo la obra en tres partes: Figuras que implican omisión; figuras que implican adición; y figuras que implican cambio; todas ellas con sus respectivas subdivisiones.

El Indice Alfabético de Figuras relaciona todas las figuras por orden alfabético indicando la página en que se encuentra la explicación correspondiente a cada una. Su utilidad es relativa, con excepción de los alumnos de institutos y seminarios o aquellos que necesitan encontrar y estudiar una figura determinada en particular, partiendo no de un texto bíblico sino del nombre específico dado a la figura.

El Indice de Versículos que contienen Figuras y el Indice de Estructuras son los verdaderamente útiles y valiosos para el predicador. El Indice de Versículos relaciona, siguiendo el orden de los libros de la Biblia, todos los versículos que contienen figuras (mas de 8.000). Simplemente, basta consultar el versículo que nos interesa en este Indice para saber de inmediato, en cuestión de segundos, si el tal versículo contiene o no alguna figura de lenguaje. El Indice de Estructuras es parecido, sólo que relaciona pasajes completos. Todos aquellos pasajes bíblicos que, en su conjunto, forman o contienen una figura de lenguaje.

Además, incluye cinco utilísimo apéndices sobre observaciones gramaticales y peculiaridades de la Biblia Hebrea. En resumen, otra joya indispensable en la biblioteca pastoral.

 

 
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AutorLacueva Lafarga, Francisco
Publicacion1985
Peso1224.7200
Medidas15.5 x 21.5 cm
Páginas862
BISACNo
EncuadernaciónTapa dura
AcabadoNo
Idiomaes
ColorNo