Valera, Cipriano De

Valera, Cipriano De
Nació en el otoño de 1532 o el invierno del año siguiente, en un punto difícil de concretar (tampoco sabemos la fecha exacta de su muerte), próximo a Frenegal de la Sierra (Badajoz, España), de donde era natural Benito Arias Montano, a quien conoció estudiando en Sevilla. Y, según escribió más tarde, ambos oían “de muy buena gana la doctrina de los buenos predicadores de Sevilla, como el Dr. Constantino, el Dr. Egidio y otros tales”.

Con el grado de bachiller, después de seis años de Filosofía en la Universidad de Sevilla, ingresó en el monasterio de San Isidoro del Campo, donde convivió, aceptó la Reforma y salió buscando tierras donde vivir su nueva fe con Antonio del Corro (v.), Casidoro de Reina (v.) y unos quince más en el año 1557. Durante un breve tiempo residió en Ginebra, para luego instalarse definitivamente en Londres (Inglaterra). Sólo saldrá de allí para dirigir la impresión de la segunda edición de la Biblia del Oso en Holanda. Había trabajado en su revisión durante veinte años.

Enseñó en Cambridge durante una docena de años, habiendo llegado al Magdalene College poco después de que “por una gracia especial”, le le fuera concedida la titulación necesaria en Teología. Desempeñando su labor docente se casó en 1563. El 21 de febrero de 1563 se incorporó a la Universidad de Oxford como Maestro en Artes.

“Nuestro conocimiento de Cipriano de Valera está casi en proporción inversa a su importancia” (Paul J. Hauben). Sólo su gran actividad literaria, con trabajos originales o traducciones de textos tan importantes como la Biblia y la Institución de la Religión Cristiana de Juan Calvino (v.), le han salvado de caer en el olvido total.

El primero de sus libros, el más voluminoso, polémico y editado se explica por sí mismo en la portada cuando dice: “Dos tratados. El primero es del Papa y de su autoridad colegido de su vida y de lo que los Doctores y Concilios antiguos y la misma Sagrada Escritura enseñan. El segundo es de la Misa recopilado de los Doctores y Concilios y de la Sagrada Escritura” (Londres, 1588). Es el escrito que más incomodó a sus adversarios religiosos, quienes le colocaron en el Indice de libros prohibidos. Fue quemado en estatua en 1562.

Mientras sigue revisando la traducción bíblica de Reina (v.), publica una nueva edición, revisada, del Nuevo Testamento de Francisco de Encinas (v.), en base al mismo trabajo anterior de Juan Pérez (v.), y que había sido el primero de los libros que había leído de los llevados por Julián Hernández al monaterio de sus días de fraile.

La Biblia de Valera, impresa en Amsterdam, ofrece la particularidad de poner en sección aparte los libros “apócrifos” que Casiodoro tradujo, en lo que siguió a Lutero (v.). “No por conveniencia, sino por pura convicción se atuvo siempre a la teología de Calvino” (M. Gutierrez Marín). Sin él la Historia de la Reforma española estaría incompleta.

GABINO FERNANDEZ

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