Sider, Ronald

Sider, Ronald
Nacido en el seno de una familia piadosa familia de granjeros canadienses de Ontario. Su padre, James Sider, era pastor de los Hermanos en Cristo, pequeña denominación rural con raíces en la tradición anabautista y de santidad. Su conversión tuvo lugar durante una reunión de avivamiento en sus años de primera juventud.

Estudió en el instituto Waterloo Lutheran, cercano a su residencia, donde conoció a John Warwick Montgomery, director del departamento de historia. Esté le animó a convertirse en profesor de historia y apologista del cristianismo en las esferas seculares y universitarias. Para ello marchó a estudiar en la Universidad de Yale, donde se doctoró en Historia. Su tesis versó sobre el reformador radical Karlstadt. Al mismo tiempo estudió teología en la Facultad de Divinidades de la misma universidad.

Evangélico convencido de la inspiración divina de la Escritura, es asimismo un testigo apasionado del Evangelio y del factor de la resurrección de Cristo, así como un pacifista integral en busca de la justicia y la solidaridad cristiana.

Ministro ordenado de la Iglesia Menonita, fue profesor asociado en el Eastern Baptist Theological Seminary. Vive con su esposa en Filadelfia.

“Jesús —escribe— no dijo a sus discípulos que practicaran un amor no violento porque eso iba a transformar instantánemanete a los enemigos en amigos del alma. La cruz se levanta como un grave recuerdo de que el amor a los enemigos no siempre obra, no en un plazo corto”. Si Dios reconcilió en Cristo a sus enemigos mediante un servicio de dolor, entonces aquellos que quieren seguir a Cristo fielmente no se atrevan a tratar a sus enemigos de otro modo. Por ello es necesario estar “anclados en la fe y en la esperanza, y arrebatados por el poder vibrante del Señor Jesús resucitado en nuestras vidas, consagrados nuevamente a Aquel que nos llama a una difícil lucha por la paz, a través de la justicia” (Cristo y la violencia, p. 116).

Para Sider la Biblia condena tanto los actos pecaminosos individuales como las estructuras sociales de injusticia. El cristiano debe resistir, mediante la desobediencia no violenta, las leyes que son contrarias al carácter del Reino de Dios inaugurado por Jesús.

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