Origenes

Origenes
El teólogo y exegeta más eminente de la primitiva Iglesia griega. Nació en Alejandría de padres cristianos. Su padre murió mártir en la persecución del emperador Severo (202). Fue conocido por el sobrenombre de Adamancio, hombre de acero, a causa de su extraordinaria energía.

Modesto, enemigo de la vanidad, no encontramos referencias personales en sus escritos. Lo que sabemos de él se lo debemos a tres fuentes distintas.

Una, Eusebio de Cesarea, quien en su aprecio de Orígenes, le consagra casi todo el libro sexto de su Historia eclesiástica. Recoge en él la correspondencia de Orígenes, tan necesaria para bosquejar su perfil biográfico y hoy perdida. Otra, el Discurso de despedida de Gregorio el Taumaturgo, importante documento tanto para la vida personal de Orígenes como para su método de enseñanza. Finalmente, Jerónimo menciona a Orígenes en su De viris illustribus, 54, 62, y en una de sus cartas, Epist. 33.

Según estas fuentes, y otros datos dispersos, sabemos que Orígenes nació probablemente en Alejandría de Egipto hacia el año 185. No era un convertido del paganismo, sino el hijo mayor de una familia cristiana numerosa. Es, pues, el primer escritor cristiano nacido en el seno de una familia cristiana. Por no ser un convertido del paganismo, no se preocupa de los "puentes", ni de los "puntos de contacto" entre la Iglesia y el mundo.

Según una leyenda, si su madre no hubiese escondido sus vestidos, el joven Orígenes, en su vivo deseo del martirio, habría seguido la suerte de su padre. Abrió una escuela de gramática y parece que muy pronto se vio rodeado de discípulos que se sentían atraídos por el valor de sus enseñanzas en gramática, retórica, geometría. Entonces el obispo de Alejandría, Demetrio, le confió la dirección de la escuela catequética, en lugar de Clemente que andaba fugitivo a causa de la persecución.

Orígenes abandonó sus enseñanzas de literatura y retórica para dedicarse exclusivamente a la enseñanza de la Escritura en escuela de catequesis. Por sus trabajos rechazó toda remuneración. Para poder subsistir tuvo que vender la biblioteca de su padre, que contenía una colección de autores paganos, que le proporcionó un renta módica. Según él, era antibíblico cobrar por la educación. Jesús había echado del templo a los que vendían palomas, y ya que la paloma simboliza el Espíritu Santo que es la fuente de la sabiduría de todo maestro.

El celo religioso, la dedicación a la práctica de la piedad y la erudición del joven maestro convirtieron muy pronto aquel centro educativo en semillero de confesores y mártires. No se trataba sólo de la calidad de su enseñanza, sino también del ejemplo de su vida, sometido a una rigurosa ascesis cristiana de ayuno, oración y confianza en la provisión divina. Más o menos por esta época, Orígenes, arrastrado por su juvenil entusiasmo e interpretando a Mateo 19:12 demasiado literalmente, quizá también para evitar murmuraciones porque la escuela estaba frecuentada asimismo por mujeres, se castró, acto del que más tarde se lamentaría y utilizaría como un ejemplo de a lo que puede llevar un exceso de preocupación por la letra de la Escritura.

La fama de Orígenes se difundió por todo el Oriente, y empezaron a requerirlo de aquí y de allá, bien para rebatir a los herejes, bien para proponer su enseñanza o también para acercarse a los paganos de alto nivel, que tenían interés por la religión cristiana: en ese sentido, tuvo varios contactos, con el gobernador romano de Arabia, o en Antioquía con Julia Mamea, madre del emperador Alejandro Severo. Entre los muchos cristianos que fuera de Egipto se unieron a él con profunda amistad, recordemos a los obispos Alejandro de Jerusalén, Teoctisto de Cesarea de Palestina, Fermiliano de Cesarea de Capadocia.

Defendió ardorosamente la fe cristiana contra paganos, judíos y herejes. Su obra Contra Celso es un monumento de apologética como respuesta contundente al tratado que Celso había escrito para atacar al cristianismo.

Su otra gran obra Tratado sobre los principios, presenta la teología cristiana a un nivel no conocido anteriormente en la Iglesia. Sostiene firmemente la inspiración de la Biblia, aunque prefiere los sentidos alegórico y tipológico al literal. Interesado por la formación bíblica de sus alumnos, produjo los Hexapla = Seis pliegues, edición de la Biblia en seis versiones: el texto hebreo, una transliteración griega, y las versiones griegas de Aquila, Símmaco, los LXX y Teodocio.

Sostenía Orígenes que ciertos principios fundamentales estaban claramente expresados en la Biblia, mientras que otros habían sido dejados a la especulación de los cristianos. Entre estos últimos estaban las creencias de que las almas que habían pecado en una vida anterior estaban encerradas en la tierra en cuerpos humanos como parte de un proceso purificador, y de que todos los seres racionales, incluidos el diablo y sus ángeles, serían admitidos a la salvación mediante la gracia de Dios y elegirían libremente amar a Dios.

Murió mártir en la persecución de Decio. La Iglesia se ha mostrado severa con su memoria, pese a que en todo momento Orígenes evitó cuidadosamente la herejía. Fue un gran buscador, pero por encima de todo un estudioso de las Escrituras, objeto principal de su erudición. Sus comentarios bíblicos han quedado como una de las grandes fuentes donde se ha alimentado la ciencia de los Padres de la Iglesia.

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