Lewis, C.S.

Lewis, C.S.
Clive Staples Lewis nació en Belfast (Irlanda del Norte). Su padre era notario y su madre hija de un pastor presbiteriano. Tras una juventud solitaria —su madre murió cuanto él tenía nueve años—, donde pasa su tiempo encerrado entre libros y estudios, comienza a dar pie a su ateísmo. Realizó una brillante carrera en la universidad de Oxford (Inglaterra) y entró como profesor en el Magdalen College de esa misma ciudad (19245-54). Allí hace amistad con J.R.R. Tolkien (1892-1973), filósofo convertido al catolicismo-romano. Charlando con él y leyendo a Chesterton empezó a sentir ciertas inquietudes espirituales. Las pruebas de la historicidad de los Evangelios le parecieron sorprendentemente buenas. En 1929 “cedí, y admití que Dios era Dios —cuenta— y, de rodillas, oré; quizá fuera, aquella noche, el converso más desalentado y remiso de toda Inglaterra... Al fin el hijo pródigo volvía a casa por su propio pie.” Pero a éste reconocomiento de la realidad de Dios le faltaba la experiencia del encuentro con la persona de Cristo, lo que ocurrió dos años después.

Fue una autoridad en el campo de la literatura. Su especialidad era la Edad Media y el Renacimiento. Como académico sufrió mucho a causa de su fe cristiana, que le hizo muy poco popular entre sus colegas. Sin duda por su valiente defensa del carácter sobrenatural del Evangelio. “Su mundo era un mundo de claridad formado por un compromiso de usar un razonamiento sano, adornado por un énfasis en lo inmutable y un desapego de las modas pasajeras. Creía que la razón era el órgano de la verdad, y la imaginación el vehículo para el entendimiento” (Joan Ostling).

Miembro de la Iglesia Anglicana, siempre se consideró un “cristiano nada más, sin encerrarse ni encuadrarse estrechamente en ninguna posición teológica o filosófica, para así mejor defender el terreno común del cristianismo histórico. La Iglesia la asemejaba a una gran mansión, repleta de habitaciones: “Cuando hayas escogido tu propia habitación, se amable con quienes han escogido diferentes puertas y con quienes aún permanecen en el salón de espera. Si se han equivocado necesitan tus oraciones mucho más; si son enemigos tuyos, tienes órdenes de orar por ellos. Esta es una de las reglas comunes de la casa.”

Creía fundamental recobrar el sentido del pecado y la experiencia de gracia suprema en la salvación. Su influencia se ha dejado sentir en todo el mundo evangélico, hasta el punto de contabilizar unas 500 sociedades dedicadas a C.S. Lewis sólo en EE.UU., pese a que también ha conocido un buen número de críticos.

Su romance y matrimonio con la escritora americana Joy Davidman Gresham, muerta de cáncer, fueron popularizados por Brian Sibley en Shadowlands (Tierras de penumbra), y llevados al cine por Norman Stone y Sir Richard Attenborough.

JOSE SEGOVIA BARRON

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