Larson, Bruce

Larson, Bruce
Pastor norteamericano. Sintió el llamado al ministerio cristiano mientras era sargento de infantería durante la 2ª Guerra Mundial, cuando se hallaba en Stuttgart (Alemania). Estudió en el Princeton Theological Seminary (M.D.) y se licenció en Psicología en la Universidad de Boston. También estudió en el Eastern College (Ll.D.) y en Seattle Pacific University (D.D.).

Trabajó en diversas iglesias de Nueva York e Illinois antes de comenzar un ministerio paraeclesial conocido por Faith at Work (Fe que obra), al que dedicó 20 años, dando conferencias, escribiendo y del que fue su director.

En 1973 comenzó un proyecto de investigación dedicado al estudio de la totalidad de la persona, en relación con el Seminario de Princeton. En 1980 aceptó la llamada al pastorado de la University Presbyterian Church de Seatle (Washington). “Cuando viene aquí a Seattle, dije a la iglesia: Permitidme que me describa a mí mismo. Tengo una medida extraordinaria del don de la fe, creo que cualquier cosa es posible para Dios. También tengo un gran don de esperanza, realmente creo que mañana será el amanecer de la era cristiana. Pero donde me quedo corto es en el terreno del amor. Soy inseguro; crítico, observador de faltas, ¡ayudadme! No soy nada amoroso... Básicamente soy un egoísta, un ermitaño. Antes de venir aquí viví 6 años en la isla del golfo de México, esto os dice lo que soy. Predico intimidad y comunidad porque las necesito desesperadamente” (Leadership 84, p. 15). En los diez años transcurridos en el pastorado de esta iglesia la membresía se dobló a 3.400 congregantes. Para 1987 un 10% de ellos estaba sirviendo en el campo misionero.

En 1990 comenzó una nueva etapa en su vida como co-pastor de la Catedral de Cristal de Garden Grove (California), fundada por R. Schuller (v.).

Miembro de la junta directiva de Nortwest Oncology Foundation; de la junta de Habitat for Humanity, y del Christian Conciliation Services.

Larson insiste en la “persona integral” como aquel concepto que hace justicia tanto a la humanidad como a la fe: “Necesitamos que se nos recuerde que vivimos en un universo de fe —escribe—, donde el espíritu es más real y dinámico que la carne.” Asimismo cree imprescindible comprender la sociedad y la cultura a las que el Evangelio tiene que ser proclamado.

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