Jowett, John Henry

Jowett, John Henry
Nació el 25 de agosto de 1863 en Halifax (Yorkshire, Inglaterra), donde sus padres eran miembros de la Iglesia Congregacional. Realizó sus estudios primarios en la escuela pública y en Hipperholme Grammar School, de la que fue profesor. Aunque su intención era dedicarse a la abogacía, “las rodillas de su madre” y su pastor Enoch Mellor (1823-81), le inclinaron a decidirse por el ministerio cristiano.

Estudió teología en Airedale College (más tarde United College) de Bradford, con A.M. Fairbairn (1838-1912) como profesor. Mientras todavía era estudiante aceptó el pastorado de la Iglesia de Santiago en Newcastle. En 1888 comenzó un notable ministerio como predicador lleno de poder. En 1895 sucedió a R.W. Dale ( 1829-95), en la Iglesia Carrs Lane de Birmingham. En 1909 visitó los Estados Unidos y participó en las Conferencias Northfield, iniciadas por D.L. Moody (v.). En 1911, tras repetidas invitaciones, aceptó el pastorado de la Iglesia Presbiteriana de la Quinta Avenida de Nueva York (EE.UU.), hasta su regreso en 1918 como pastor en la Westminster Chapel de Londres, en el puesto dejado vacante por Campbell Morgan (v.).

Su tres últimos años se vieron aquejados por una enfermedad, que pondría fin a su vida el 19 de diciembre de 1923.

Fue Presidente de la Unión Congregacional en 1906. Doctor en teología por la Universidad de Edimburgo (Escocia, 1910). Participó en campañas en favor de la paz y de la amistad entre los pueblos. Interesado por la obra social fundó el Digbeth Institute de Birmingham en 1906, con énfasis especial en los pobres. Pero, por encima de todo, se entregó a la predicación del Evangelio. Vivió para su púlpito, al que dedicó todas sus mejores dotes. “Fue un maestro del lenguaje, aclaraba el significado de cada frase de un modo inimitable. Su voz perfecta, perfectamente utilizada, le fue una gran ventaja”(Albert Peel). Su renombre y bien hacer le valió convertirse en el primer pastor noconformista que predicara en una catedral de la Iglesia estatal o Anglicana.

“No es el adherirse a una idea lo que cuenta, sino el adherirse al Señor. No es el poder de mi propia idea, es la Presencia del Gran Médico. No es una abstracción mental ante la que mi alma debe arrodillarse. Es ante el Señor vivo, el cual es la resurrección y la vida, el que lleva en su diestra todos los ministerios de la gracia redentora” (Fuentes..., p. 204).

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