Gutierrez Marín, Manuel

Gutierrez Marín, Manuel
Nació el 1 de octubre de 1906 en El Madroño (Sevilla, España), hijo de padres evangélicos. En 1923 realizó brillantemente sus estudios de acceso a la Universidad de Madrid, donde estudia Filosofía y Letras. En Alemania estudia teología en las Universidades de Greifswald, Berlín y Halle. Al mismo tiempo simultanea tales estudios con de Historia del Arte y Pedagogía. Se licencia en Teología y Filosofía en la Universidad de Halle y regresa a España.

Ocupó cargos de responsabilidad entre la juventud evangélica de Barcelona. Es 1951 fue nombrado Presidente de la Iglesia Evangélica Española (IEE), cargo que ostenta hasta 1964. Contribuyó a la redacción, de manera destacada, de la Confesión de Fe de la IEE. Viajó extensamente por América Latina, Estados Unidos y Europa. Dio cursos de teología dialéctica (Kierkegaard, Brunner, Barth) en las principales Facultades de Teologia de los países latinoamericanos y europeos, como Alemania, Suiza y Holanda.

En 1961 viajó a la India. En 1965 a los Estados Unidos, México y Puerto Rico, donde pronuncia conferencias relacionadas con la ética cristiana. Fue nombrado doctor honoris causa en teología por la Universidad de Evanston (EE.UU.). Impartió clases en la Facultad Evangélica de Teología de Buenos Aires (Argentina).

En España colaboró con el Seminario Evangélico Unido de Teología de Madrid y fue su Director entre 1957 y 1966.

Pastor de la Iglesia Reformada Suiza en Barcelona, donde predicaba en alemán generalmente, además impartió enseñanza religiosa en la Escuela Suiza de Barcelona. Murió en esa misma ciudad el 16 de noviembre de 1988 a la edad de 83 años.

Teólogo de la Iglesia y de la Palabra sabe que la Iglesia de Cristo es la que escucha siempre atenta a la voz divina: “Escuchando la Palabra de Dios en las Escrituras es cómo la Iglesia descubre una y otra vez cuál es el designio de Dios y cuál es su propio lugar en ese designio” (Dios aquí... p. 23).

El lenguaje del Dr. Marín está preñado de contenido y ricas sugerencias, a lo que se une su estilo escueto, a veces demasiado en su concisión. Teólogo cristiano no sabe de otra verdad más completa y profunda que de la experiencia mística, espiritual, didáctica, de Gálatas 2:20, base fontal de la fe y acción cristianas: “No es la acción, como tal, ni siquiera la buena acción, la que indica la existencia ética, sino otra cosa: La fe en acción. Porque la fe vive de hacer la voluntad de Dios” (Fe y acción, p. 121).

Buen conocedor de la filosofía de su tiempo, creyó que ésta no puede ser ignorada a la hora de escudriñar seriamente la Escritura, a modo de diálogo y desafío. “Se llama teólogo -escribe- al serio investigador de la Biblia. Para llegar a serlo es preciso conocer la filosofía especialmente. Alguien que la desconozca nunca será un verdadero teólogo” (Tres columnas, p. 135).

Se ha dicho que la suya es la teología de los Reformadores del siglo XVI, pero trsapuesta al lenguaje de nuestro tiempo.

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