Dürrleman, Freddy

Dürrleman, Freddy
Nació el 7 de septiembre de 1881 en Saintes (Francia). Su madre era de origen valdease, de los valles del Piamonte ,y su padre de Tusgovia, convertido en Inglaterra a la fe evangélica, a cuya propagación consagró su vida. En su primera infancia Freddy experimenta su conversión a Cristo y decide dedicarse a él por completo.

Estudió en Montabauban, con Emile Doumergue y Henri Bois como profesores. Posteriormente en la Facultad de Teología de Montpellier. Se graduó en la Universidad de París y se va a vivir a Faubourg Saint-Antonie, para completar su aprendizaje misionero comenzando con su propio padre.

Más tarde se traslada a la gran ciudad industrial de Roubaix, donde se mete de lleno en el “cristianismo social”, así como la predicación directa del Evangelio. Obreros y jefes de empresa depositan en él toda su confianza. Allí contrajo matrimonio y llegó a ser padre de nueve hijos.

Después, en París, es nombrado Director adjunto de la Sociedad Central Evangélica, cargo que, más tarde, ocupará al mismo tiempo que el de director adjunto de la Misión Popular Evangélica.

Durante la I Primera Guerra Mundial sirvió de enfermero y de capellán de la marina francesa. Al finalizar ésta regresa a París y funda La Cause, centro de reunión, de inspiración, de documentación y de información reformada, como modelo de lo que debía ser la evangelización francesa. Con el correr de los años se convirtió en una obra magnífica de penetración por el Evangelio y hermandad protestante. También fundó una escuela de cultura religiosa protestante para preparar a los jóvenes al ministerio evangélico. Organiza conferencias en las iglesias, en locales públicos, por la radio. Desde 1928 hasta poco después de estallar la II Guerra Mundial, se encarga, con sus colaboradores, de los programas protestantes de Radio París y Radio Luxemburgo. La evangelización de su pueblo le concierne personalmente, todo su acción se inspira en el gozo de la salvación.

“Sirvió la causa de Jesucristo con la plenitud de dones que había recibido de Dios. Y estos dones eran excepcionales. Su entusiasmo era comunicativo. Su voz cálida tenía resonancias de oro. Su palabra, impetuosa y suave a la vez, fluía del manantial de su ser, épica y heroica. Su lengua era la de Francia, clara y convincente. Poseía el talento del pedagogo y tenía un sentido nato de apologista ” (Jacques Menthonnex).

Murió el 5 de enero de 1944 en Carrières-sous-Poissy. Todo su pensamiento y obra estaba dominado por un cristocentrismo vivo y espiritual: “Es preciso poner al hombre y a Cristo frente a frente en el religioso silencio y la majestuosa soledad de una entrevista sagrada. El libre examen de Cristo, la libre experiencia de Cristo, la libre inspiración de Cristo: he aquí el triple e indivisible método para que el hombre consiga el contacto directo con Cristo, contacto indispensable porque sólo de él nace en el hombre la vida específicamente cristiana, única razón de ser del cristianismo” (Protestante..., p. 88).

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