Carrasco Palomo, Antonio

Carrasco Palomo, Antonio
acido. el 19 de enero de 1842 en Málaga, constituyéndose en el primogénito de una modesta y numerosa familia. Los primeros estudios tuvieron que ser interrumpidos para ayudar en la difícil situación económica del hogar, por lo que empieza a trabajar muy pronto en una oficina.

Con su juventud, coincide la intensificación de la propagación clandestina del Protestantismo en Andalucía. Y en una de las congregaciones malagueñas abrazó la fe evangélica. Pronto pasó a ser un activo propagador de la fe que llegó, juntamente con otros, a la introducción de Biblias y otros libros prohibidos desde Gibraltar, con el objeto de edificar a las congregaciones andaluzas y contribuir a su expansión. Estas tareas dieron con él en la cárcel.

A los 22 meses de estar en presidio, se vio su causa en Audiencia Pública. En la defensa, presentada por Bernabé Dávila Bertoli, se demostraba que él y sus compañeros habían “sido injustamente acusados” de procurar el mal de nuestra patria. Pero todo fue inútil. Como otros evangélicos en Málaga y Granada, fue condenado a nueve años de prisión. La pena, gracias a la intercesión de representaciones de varios países ante la reina española Isabel II, promovidas por la Alianza Evangélica, fue conmutada por la del mismo período de destierro. Así, en mayo de 1863, con varios más, tuvo que abandonar España.

Recibió una sólida preparación humana y bíblico teológica en Francia, Suiza y Alemania, desde donde regresó el 7 de noviembre de 1868, merced a la libertad de cultos concedida por el triunfo de revolución llamada “la Gloriosa”.

A principios del año siguiente, juntamente con Francisco de Paula Ruet y antiguos compañeros en Málaga, organizó el primer núcleo protestante de Madrid, la Iglesia Evangélica Reformada, con una asistencia que iba de 300 a 1.000 personas.

El 6 de noviembre de 1869 publica el primer número de La Luz, semanario que dirigirá hasta su muerte y que, en periodicidad bimestral, todavía se publica. También escribió varios folletos, que circularon abundantemente. Uno de ellos, titulado A los españoles, pasó al Indice de Libros Prohibidos del llamado Santo Oficio de la Iglesia de Roma.

La Sociedad Abolicionista Española, que agitaba a la opinión pública a favor de los esclavos que aún mantenía España en las provincias españolas de Ultramar, Puerto Rico y Cuba, le tuvo como conferenciante y Vice-Presidente. En los mítines pro-abolicionistas alternó, en calidad de orador, con Emilio Castelar y otros admirados hombres públicos.

Como había ocurrido en 1886, Carrasco fue nombrado para representar a España en la gran Asamblea de la Alianza Evangélica Mundial, celebrada en Nueva York (EE.UU.) en noviembre de 1873. Su discurso fue recogido en las Actas de dicha asamblea. Y cuando regresaba (no cuando se marchaba “frustrado” de España, como maliciosamente escribió Menéndez Pelayo), su barco, el crucero francés Ville de Havre, se hundió a las 2 de la madrugada del 22 de noviembre de 1873, en una colisión con un barco de vela, el Loch Earn, cerca de la costa de España. Carrasco y todos los fondos que había conseguido para la construcción del local de la iglesia se perdieron. Dejó atrás una viuda joven y tres hijos, uno de los cuales había nacido durante su estancia en Estados Unidos. Su muerte dejó las iglesias de Madrid con una vacío que no se llenó hasta que Juan Bautista Cabrera (v.) no se trasladó a Madrid para continuar la obra.

“Necesitamos -había dicho Carrasco- libros de historia, de más filosofía, de apologética cristiana, de controversia, y todo animado por un espíritu religioso”.

GABINO FERNANDEZ

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