Calderon, Juan

Calderon, Juan
Nacido el 19 de abril en Villafranca de los Caballeros (Ciudad Real, España), en el seno de una familia católico romana. A los quince años ingresó en el convento de observantes de San Francisco, en Alcázar de San Juan (C.Real). Pronto empezaron las dudas sobre la dogmática católica romana e incluso sobre la existencia de Dios. Tras un paréntesis (1811 a 1815), en el que luchó contra los franceses, sigue en el claustro donde termina por se nombrado clérigo, predicador, confesor y profesor de filología, aunque notoriamente su situación espiritual y doctrinal era la misma. Al fin, rompe con su hipócrita comportamiento y se pasa a Francia (enero de 1824). En Bayona, haciendo chinelas y dando clases de lengua española, gana el sustento material y por el conocimiento del Evangelio (por medio de las predicaciones y el Nuevo Testamento que le proporcionó el pastor Pyt) gana la vida eterna. Desde entonces ocupará sus ocios en la evangelización de los españoles residentes y transeúntes.

En 1829 pasa a Londres (Inglaterra) donde, sostenido por una misión, organiza un culto público para españoles emigrados, en el templo bautista, cedido al efecto. La oposición católica romana y la marcha de los acontecimientos políticos y españoles, que favorecían el regreso a España, “puso termino a esta pequeña congregación” (1830). En octubre de 1830 es recibido como ministro de la Iglesia Anglicana. Perdida la congregación y el sostenimiento, fregresa a Francia. Forma un hogar y vive de su propio trabajo. De esta época es la primera de las obras que de él conocemos, Diálogos entre un párroco y un feligrés sobre el derecho que tiene todo hombre para leer las Sagradas Escrituras y formar, según el contenido de ellas, su propia creencia y religión, con la que ganó el accésit en el concurso de Montauban (1841).

Aprovechando las nuevas libertades en España, por la regencia del general Espartero, llega a Madrid en 1842 donde permanece durante tres años. Para su propio sostenimiento y el de su familia, que ha dejado en Burdeos (Francia), compone y publica obras que han sido alabadas por sus propios adversarios. Nos referimos a su Revista Gramatical de la Lengua Española (que empieza en 1843 y de la que aparecieron 77 números); Análisis lógico y gramatical de la Lengua Española (1843) y Cervantes vindicado en ciento quince pasajes del texto del Ingenioso Hidalgo D. Quijote de la Mancha, que no han entendido o entendido mal algunos de sus comentadores o críticos (1854), obra que lo cataloga entre los mejores comentaristas de El Quijote, por sus agudas observaciones.

Los ratos libres los dedica a la evangelización casa por casa y privadamente. Conoce y empieza su gran amistad con Luis Usoz y Río (v.). Los pocos ingresos y la caída de Espartero hacen difícil su permanencia en Madrid, por lo que, en 1845, vuelve a Burdeos. De esta época es su traducción, del francés, del Tratado de lecciones fáciles sobre la evidencia del cristianismo (1846), escrito por Wateyl.

Un año después, ahora con la familia, retorna a Londres. Emprende de nuevo el trabajo entre los emigrados españoles, pero con tan pocos medios como éxito. Ya permanecerá aquí hasta la hora de su muerte. Se ocupa de varios trabajos en relación con Usoz. ¿Es de esta época su Respuesta de un emigrado a la carta del P. Aresso? En 1849 funda el primer periódico evangélico español, denominado El Catolicismo Neto (1849-54), “destinado a propagar el conocimiento de la pura religión del Evangelio”. “El cual -escribe Calderón- como misionero de más fácil circulación, puede con menor dificultad introducirse en España, América y en otras partes”.

GABINO FERNANDEZ

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