Buenaventura De Fidanza

Buenaventura De Fidanza
Teólogo escolástico de la orden franciscana, nació cerca de Viterbo en la Toscana y tuvo por nombre Juan Fidanza, antes de tomar como fraile el nombre con el que se le conoce. Estudió teología en París con Alejandro de Hales desde el año 1234 e ingresó en la orden franciscana pocos años más tarde. Comenzó a enseñar en París biblia y teología, pero no fue recibido en el gremio de profesores de aquella Universidad hasta el año 1257. Por entonces fue nombrado Superior General de la orden franciscana y ya no volvió a su tarea docente en la Universidad. En 1273 fue creado Cardenal Arzobispo de Albano y, al año siguiente, asistió al Concilio de Lyon, pero murió inesperadamente allí mismo. Fue canonizado en 1482 y declarado Doctor de la Iglesia. Se le conoce con el nombre de "Doctor Seráphicus."

Buenaventura escribió un comentario al Libro de las Sentencias de Pedro Lombardo, pero su principal producción literaria, a diferencia del también franciscano Escoto o del dominico Tomás de Aquino, fue la de un escolástico místico.

Sus escritos principales de ese género son el Itinerario de la mente hacia Dios y Los siete viajes de la eternidad, en los que está expuesto su pensamiento original, aunque en muchos puntos, su teología es fundamentalmente agustiniana. Según Buenaventura, el conocimiento que tenemos de Dios se adquiere mediante una especie de “subida” de la mente desde lo material hasta llegar a las cimas de la mística.

En este “itinerario”, como él lo llama, hay tres jornadas distintas: primera, como Dios ha dejado sus huellas en la creación visible, la razón humana puede ascender del efecto a la causa para deducir la existencia y el poder de un Creador; segunda, como el hombre ha sido hecho a imagen de Dios, la segunda jornada consiste en investigar el interior de nuestra alma con sus poderes de memoria, entendimiento y voluntad; esto servirá para profundizar en el sentido del ser y de la unidad de Dios. La existencia de tres personas en Dios sólo puede conocerse por la revelación sobrenatural. Y tercera, la última jornada en el ascenso a Dios no puede alcanzarse con razonamientos, porque consiste en la contemplación mística del gozo inefable de la presencia divina, y es puramente un don del Espíritu Santo.

Con sus escritos, Buenaventura influyó grandemente en el periodo del misticismo de los siglos XIV y XV, en el que surgieron místicos de la talla del Maestro Eckhart, Juan Taulero y Tomás de Kempis.

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