Basilio De Cesarea

Basilio De Cesarea
Obispo y brillante teólogo de la Iglesia griega, nacido en Cesarea de Capadocia (Asia Menor) hacia el año 330, en el seno de una familia cristiana desde hacía mucho tiempo, que contó entre sus miembros con un número sorprendente de santos. De sus padres Basilio y Emelia heredó su celo religioso y sólida piedad. Estudió en su ciudad natal, en Constantinopla y Atenas, donde entabló amistad con Gregorio de Nacianzo. A la muerte de su padre, volvió a su Cesarea a fin de enseñar retórica, pero muy pronto decidió consagrarse a Dios.

Bautizado en la edad adulta, en 367, como era costumbre, recorrió Siria, Egipto, Palestina y Mesopotamia para conocer de cerca a los monjes y ascetas que habitaban sus desiertos. De vuelta a su ciudad natal distribuyó todos sus bienes a los pobres y se retiró a las soledades del Ponto, no lejos de Neocesarea. Hasta allí fueron a unírsele muchos discípulos y, en algunos años, fundó varios monasterios para los que redacto unas Reglas. Eusebio, obispo de Cesarea, le hizo aceptar el sacerdocio hacia el 364. En el 370 fue elegido obispo sucesor de Eusebio. Combinó sus trabajos y estudios teológicos con la fundación de escuelas y asilos para necesitados y enfermos.

A la muerte de Atanasio el año 373, Basilio fue el principal campeón de la ortodoxia en el Oriente, defendiendo la deidad del Hijo y del Espíritu Santo contra los arrianos y los macedonianos, jugando un papel importante en la elaboración del dogma de la Trinidad, conciliando puntos de vista opuestos que amenazaban con romper la unidad de los ortodoxos.

En el monasticismo introdujo la idea de una comunidad de amor a Dios y al prójimo, santidad personal y obediencia, en sustitución del ascetismo personal de penalidades y ayunos que predominaba en cenobitas y ermitaños. La llamada Regla de San Basilio quedó como la base de la estructura monástica en el Oriente y, en muchos lugares del mismo Occidente, suplantó a la de Agustín de Hipona, inspirando la Regla de San Benito. En segundo lugar, fomentó la preocupación social, no sólo entre los superiores de las comunidades monásticas, sino también entre los obispos. Así organizó grandes obras de caridad en hospitales, escuelas y hostales, para lo cual él dio ejemplo desprendiéndose de sus propios bienes de fortuna.

Escribió muchas obras que pueden dividirse en exegéticas, dogmáticas, ascéticas, homilías y cartas.

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